Miércoles, 15 Febrero 2017 15:22

Las pérdidas de agua, un tema pendiente. Se resuelve con gestión y uso de tecnologías

En América Latina, la pérdida de agua o agua no contabilizada en los sistemas de agua potable, sigue siendo un problema que no cuenta con la prioridad de los operadores y de los Estados. Según la Comisión Económica parar América Latina (CEPAL), se estima un promedio de 42% de pérdidas de agua en las grandes ciudades y en las pequeñas o medianas el promedio, es aún mayor. Este indicador, es una muestra de la gestión conservadora que tiene esta industria que, (salvo excepciones) sigue operando como hace muchos años, solo con una mirada técnica e ingenieril y económica y/o presupuestaría. 

Pareciera que los Estados y/o los operadores, tanto públicos como privados, entre otras causas, producto del incremento de la inmigración del campo a la ciudad en los últimos años, han dado prioridad al acceso a este servicio y posteriormente al saneamiento, en desmedro de la disminución de las pérdidas de agua.

Este concepto de “pérdida de agua” y el cálculo del indicador mencionado, tienen distorsiones, que lo hacen inexacto y a veces no comparables entre operadores, algunas de ellas son:

No siempre se excluyen del cálculo de este indicador las “pérdidas operacionales”,  (volúmenes de agua que son utilizados con un propósito operacional como: lavado y retrolavados de filtros y estanques en las plantas de tratamiento de agua, lavado de los estanques de distribución, de redes, colectores de aguas servidas, etc). Existe una falta de estudios, análisis y datos duros y confiables, que permitan dimensionar el problema.
Producto del punto anterior, la "pérdida operacional" eficientes no siempre están cuantificadas para cada uno de los sistemas. En Chile, el organismo fiscalizador, a través de la tarifa, asume como perdida eficiente para todas los operadores un 15% del agua producida, incluida las pérdidas operacionales.
En general en América Latina, la macro y micro medición no cuentan con coberturas adecuadas y en aquellas ciudades que cuentan con esta medición, su operación y mantención tiene ciertas deficiencias.

La escasez hídrica o el desbalance hídrico (+ demanda – oferta), que desde hace al menos una década afecta al continente, parecía que iba a generar un sentido de urgencia para enfrentar este problema, pero los indicadores no reflejan esto y la mayoría de los países, han mantenido o registran una moderada disminución.. 

Las pérdidas representan un significativo volumen de agua producida que no se consume o que no es registrada. En el caso de Chile, estas representan un 36% del consumo humano total de agua del país. Este volumen, es igual al consumo de agua de un año de la Región Metropolitana, donde se encuentra Santiago y reside más del 40% de la población del país (7 millones de personas).

Una de las razones para explicar la baja inversión en recuperación de las pérdidas, que utilizan algunos operadores, es de costos. La estructura de costos de los sistemas de agua potable, tienen una relación de 70% u 80% de costos fijos y solo un 20% o 30% de costo variable, desincentivando el financiamiento de la reducción de pérdidas. Es decir, recuperar un m3 de agua que se pierde o no se registra en la medición, es más caro que producir ese m3. Esta afirmación (que es bastante discutible), es probable que hace veinte años podría tener algún fundamento, pero no es sostenible en la actualidad.  Chile será uno de los países mas afectado con el cambio climático por el aumento de la temperatura (+2°) y cambio en los patrones de precipitaciones. Se estima que el 2014, estará en el lugar 24 del ranking de los países mas efectados con el stress hídricos.

La tendencia, es que el agua se transforme en un bien cada día más escaso, esto debería reflejarse en el precio, pero como además es un bien indispensable para la sociedad, tiene fuertes subsidios del Estado, impidiendo que el consumidor perciba el verdadero valor económico. Hoy no es suficiente quedarse solo con el análisis económico, es necesario dar una mirada más amplia que lo técnico, como la sostenibilidad ambiental y ecológica, financiera y social de los sistemas.

Una de las barreras para invertir en nuevas fuentes como las plantas desaladoras u otras, son las pérdidas de agua. El valor del m3 puesto en la vivienda del usuario, producido por una planta desaladora es elevado y se hace más caro si existen perdidas en la distribución.

Según algunos estudios y dependiendo de la ubicación geográfica del operador, un 70% de las pérdidas se producen en las conducciones, redes, estanques o infraestructura. El resto corresponde a consumos reales pero que no son registrados por una inadecuada macro y micro medición.

En la actualidad, las tecnologías digitales permiten enfrentar en forma más eficiente y a un menor costo las pérdidas de agua. Las tecnologías IoT (Internet of Things) o el internet de las cosas, puede ser una oportunidad para los operadores, sean públicos o privados, para enfrentar operaciones de este tipo, que acompañada de la incorporación de. Los medidores digitales que se comunican con el usuario y con la empresa o los sensores digitales en las conducciones o redes que pueden "conversar" con la comunidad y el operador del comportamiento de la tubería y del caudal de agua transportada, que acompañado de incorporar en la permiten, además de disminuir las pérdidas, una operación mas eficiente que se refleja en la disminución de los costos y un aumento de la caliudad de servicios. La tecnología está disponibles, solo falta la gestión, gobernanza y la voluntad de innovar.

Finalmente, pareciera que los Estado y organismos fiscalizadores o reguladores, tampoco han dado la prioridad que requiere esta deficiencia, y si lo han hecho, los resultados no lo demuestran. En las actuales condiciones de escasez hídricas producto del cambio climático y que se ve agravada con el aumento de la demanda de agua, no es posible continuar con este nivel de pérdidas. Para tener éxito en esta materia, deberían existir políticas públicas, un marco normativo y regulación vinculante, exigencias técnicas y tarifarias, incentivos económicos y al uso de tecnologías (TI) y Big Data, fijación de metas y educación a los usuarios que permitan hacer un uso eficiente del agua. 

 

FUENTE: http://www.iagua.es